sábado, 23 de octubre de 2010

Turquía debe decidir

La reunión de los líderes de la OTAN en Lisboa los próximos 19 y 20 de noviembre, además de establecer el concepto estratégico de la Alianza para los próximos años, debería aclarar también, si no de forma total, sí que significativa, el rumbo que Turquía desea para el futuro.

Su jefve de gobierno islamista, Tayyip Erdogan, lleva ya mucho tiempo presionando a la Unión Europea y a los Estados Unidos con la amenaza de una clara deriva hacia Oriente y hacia el fundamentalismo islámico para negociar sus objetivos políticos, que lógicamente inquieta a las cancillerías.

Su progresivo abandono del laicismo implantado en Turquía desde los tiempos de Ataturk, primero fue tomado como la lógica consecuencia de su carácter islamista moderado, con más repercusión en la audiencia interna que en la externa, pero con el paso del tiempo, y a la vista de los acontecimientos, la preocupación es mucho mayor, con claras actuaciones más hacia la política exterior que interior. El gobierno turco, viendo que, entre otras cosas, su proceso de entrada en la Unión Europea no se aceleraba lo que le gustaría, decidió radicalizar su postura de deriva oriental, ganándose nuevos aliados en el mundo islámico, y dilapidando en poco tiempo una privilegiada relación con Israel, política, económica y militar, que había costado años forjar.

Son conocidas las encendidas defensas de la causa palestina por miembros del gobierno turco e incluso de su primer ministro Erdogan. El tono de la protesta turca alcanzó niveles muy altos sobre todo en dos ocasiones: durante y después de la última gran operación militar israelí contra la franja de Gaza en enero de 2009, y tras el asalto militar israelí a la denominada "flotilla de la libertad", financiada y apoyada por entidades turcas, algunas directamente vinculadas según diversas informaciones de prensa con el propio Erdogan.

En el primer caso se llegó incluso al enfrentamiento público entre el primer ministro Erdogan y el presidente israelí, el señor Shimón Peres en el Foro Económico de Davos, en Suiza, en enero de 2009. En la segunda, el primer ministro Erdogan llegó a calificar a Israel de practicar el terrorismo de estado y de ser el principal obstáculo para la paz en Oriente Medio. Últimamente ha defendido con vehemencia el programa nuclear iraní, y criticado con dureza las nuevas sanciones impuestas a Teherán, lo que ha aumentado aún más la tensión con Occidente.

En este escenario, ahora le toca a Turquía decidir su voto en la cuestión planteada por los Estados Unidos y el Secretario General de la OTAN, acerca de la necesidad inmediata de establecer un escudo antimisiles en Europa orientado a frenar la amenaza procedente de Irán y Siria fundamentalmente, como principales poseedores de misiles balísticos y de crucero que puedan amenazar a la Alianza, decisión que desean se vote en la comentada reunión de Lisboa del próximo mes.

A Turquía no le gusta nada el hecho de que el escudo esté dedicado tan claramente contra Irán, y teme que un voto a favor dañe sus crecientes buenas relaciones con Teherán y también con Moscú, muy descontentos con la propuesta atlantista, el primero por ser considerado y señalado claramente como una amenaza para la totalidad de la Alianza, y el segundo por temer que su capacidad disuasoria se vea perjudicada.

Por otro lado, un voto en contra supondría una nueva y muy clara señal del peligroso alejamiento progresivo de Turquía de la órbita y los valores occidentales, que la dejaría en una muy difícil situación política ante sus aliados atlantistas.

Todo ello podría incluso derivar en una extensión del concepto denominado por la señora Merkel: "fracaso de sociedad multicultural", entendiendo aquí el término sociedad, como el de sociedad plural suma de las sociedades de la Unión Europea y de sus aliados americanos. A pesar de que ni la OTAN ni la Unión Europea pueden ni deben acceder al chantaje turco, cierto es que ninguna puede permitirse tampoco el lujo de perder definitivamente a Turquía de su órbita, ni siquiera de dejar que se siga alejando, por lo que se impone buscar la manera de evitar que siga creciendo la brecha entre ambas formas de entender el mundo. Es demasiado lo que ambas partes se juegan, pero sigue siendo un juego peligroso.

* Rodrigo Rodríguez Costa, Licenciado en CC. Empresariales y Diplomado
en Defensa por la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela

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Atenas y Ankara se dan la mano para frenar a la inmigración ilegal

Vuliagmenis (Grecia), 22 oct (EFE).- Ankara prometió hoy a cooperar con Grecia para hacer frente al tráfico ilegal de personas desde Asia hacia Europa, a cambio de que Atenas impulse la facilitación del proceso de visados a los ciudadanos turcos en la Unión Europea (UE) .

Así lo informaron los primeros ministros de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y de Grecia, Yorgos Papandréu, tras reunirse ambos líderes en el balneario ateniense de Vuliagmenis, donde participan además en un foro sobre los cambios climáticos en el Mediterráneo.

En declaraciones conjuntas a la prensa, Papandréu se refirió al clima de xenofobia creciente en Europa y comentó que el acuerdo de cooperación con Turquía "contribuirá a controlar la ola de inmigrantes ilegales".

Grecia aspira además a que esta cooperación impulse a Turquía a negociar con la UE para firmar un acuerdo de repatriación de los inmigrantes ilegales que salen desde sus costas, añadió el jefe del Gobierno heleno.

Según fuentes de la ONU, en 2010, el 90 por ciento de los indocumentados que ingresan a Europa lo hacen por las fronteras orientales y nororientales de Grecia, un porcentaje que ha incrementado desde 2009, cuando se situó en un 75%.

Por su parte, Erdogan, quien visita Grecia por segunda vez en los últimos cinco meses, recordó que ambos países vecinos colaboran ya en el sector de la energía.

"Turquía ya abastece a Grecia con gas natural y el objetivo es que hacia 2015 se haya completado un gasoducto" que conecta a los dos países, precisó el primer ministro turco.

Ambos líderes reconocieron que el proceso de negociación para dar fin a la división de Chipre se encuentra "estancado" y que las dos capitales desean que el intercambio comercial que en 2009 estaba en los 2.700 millones de dólares, vuelva a subir al nivel de 2008, cuando totalizó los 3.500 millones de dólares. EFE

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miércoles, 20 de octubre de 2010

El presidente de Alemania calma el malestar turco VISITA A TURQUÍA del jefe de estado

«Yo también soy el presidente de ellos». Con estas palabras, referidas a los turcos de Alemania, Christian Wulff, el jefe de Estado alemán, reiteró ayer su posición en el debate que se ha establecido en el país centroeuropeo sobre la integración de los inmigrantes musulmanes, a pesar de que haya supuesto llevarle la contraria a la cancillera Angela Merkel, quien afirmó el pasado fin de semana que el multiculturalismo «ha fracasado» y que quienes no acepten los valores cristianos «no tienen cabida» en Alemania.

En medio del revuelo, la visita de Wulff a Turquía está sirviendo para calmar los ánimos entre dos países unidos por fuertes lazos: más de 2,5 millones de turcos trabajan en Alemania y 4,5 millones de alemanes pasan sus vacaciones en Turquía cada año. De hecho, el presidente turco, Abdullah Gül, siguiendo la estela de su homólogo alemán, afirmó en una entrevista con un medio alemán que él también es «el presidente de los judíos y los cristianos que viven en Turquía. Igual que el islam es parte de Alemania, el cristianismo es parte de Turquía».

Además, debido a que el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, también caldeó el debate en sus recientes visitas a Alemania instando a los turcos de allí a no olvidar su lealtad a Turquía, Gül pidió que sus compatriotas expatriados en suelo alemán cooperen en la integración.

Wulff dijo que «Turquía tiene derecho a unas negociaciones justas con la Unión Europea», contradiciendo una vez más a Merkel, que es uno de los paladines del rechazo a la integración turca en el club comunitario. Con todo, el presidente alemán también instó a Ankara a que mejore las condiciones de su minoría cristiana.

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miércoles, 13 de octubre de 2010

La larga historia de Hagia Sofía en Estambul

Tras la reanudación de las misas de la iglesia ortodoxa griega en el monasterio de Sumela en la ciudad de Trabzon, junto a otras nuevas reaperturas, Turquía se cuestiona si merecen los musulmanes aquella tolerancia que reciben los cristianos, reabriendo como mezquita el museo de Santa Sofía, máximo templo del imperio Bizantino, uno de los edificios más extraordinarios del mundo, construida por el emperador Justiniano en el siglo VI.


Actualmente la plaza de Sultanahmet, se llena por los fieles con sus alfombras personales, todos dirigidos hacia la Meca, para cumplir con el rezo del viernes, por no caber en las mezquitas que rodean la misma.

El partido político BBP (El Partido de la Gran Unión), ha solicitado al ministerio de Turismo y Cultura de Turquía, la apertura del Museo de Santa Sofía para los rezos de los musulmanes. "En caso de que se rechace la propuesta, llevaremos el caso hasta los tribunales" dijo Bayram Karacan, el director de BBP en la Ciudad de Estambul.

Por otra parte, el Director General del Centro de Investigaciones Islámicas de la Fundación de Asuntos Religiosos de Turquía, Mehmet Akif Aydin, sugiere el rezo compartido. Según la propuesta, la nezquita-Cctedral de Santa Sofía, se utilice como mezquita los seis días de la semana, y el domingo quede reservado para las misas cristianas.

Aydin añade que esto se practicó en la mezquita de Córdoba, en los tiempos de la Espana musulmana, cuando los estudiosos no musulmanes visitaban la ciudad y que se les permitía utilizar un rincón de la mezquita para que lleven a cabo sus oraciones.

La resolución del caso del museo de Santa Sofía, sin duda va a afectar la situación de la mezquita-catedral de Córdoba.

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lunes, 11 de octubre de 2010

El movimiento Gülen, un Opus Dei a la turca para frenar el fundamentalismo islámico

Pedro González
Hace apenas un mes que un autor desconocido, Hanefi Avci, publicaba en Turquía un libro que, de inmediato, se ha convertido en el objeto de los debates de la actualidad política y socio-económica del país. En “Los Simones del Cuerno de Oro”, Avci lanza fuertes críticas hacia una secta denominada popularmente La Comunidad, pero cuyo nombre oficial es Movimiento Gülen, tomado de su fundador, Fethullah Gülen.

El autor del libro era el jefe superior de Policía de la populosa ciudad de Eskisehir, a medio camino entre Estambul y Ankara. Que el texto no ha gustado en las instancias policiales y judiciales parece demostrarlo el hecho de que Avci fue detenido hace una semana, acusado no por el contenido del libro sino por mantener supuestamente relaciones con “grupúsculos comunistas de tendencias terroristas”. En Turquía es habitual la perífrasis, de manera que a menudo el meollo de lo que molesta se oculta tras una acusación traída por los pelos.

Hanefi Avci ha puesto negro sobre blanco lo que ya era un secreto a voces en toda Turquía, a saber que el citado movimiento está infiltrado en los altos estamentos policiales, pero también en la práctica totalidad de los centros de poder del país, y que ha empezado a extenderse por los países que antaño pertenecieron al Imperio Otomano en Asia Central y los Balcanes.

El nacimiento de La Comunidad se remonta a los primeros años 80, a raíz del último golpe de estado perpetrado por el ejército turco. Los militares decidieron entonces tolerar sus actividades al convencerles su fundador, Fethullah Gülen, de que su ideario modernizador del Islam no atacaba al nacionalismo turco. El objetivo último consistía en formar generaciones de grandes líderes profesionales, a través de una educación muy elitista, en la que no cupieran las tendencias fundamentalistas que ya entonces habían empezado a proliferar por los países musulmanes y a amenazar la estabilidad de la república laica de Turquía.

Antes de convertirse en el líder indiscutible del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), el actual primer ministro Recep Tayyip Erdogan ya vio en el Movimiento Gülen un aliado potencial para demostrar al resto del mundo que es efectivamente posible otro Islam, con separación entre religión y política. Así, La Comunidad terminó por convertirse en una importante red de apoyo a la política de Erdogan, convenciendo a la sociedad turca de que el país puede encabezar una resurrección de un Islam completamente renovado.

Los medios intelectuales turcos comparan esta situación con la que vivió de alguna manera el Opus Dei en España en los años 60 y principios de los 70, en que sus tecnócratas propiciaron la apertura del régimen franquista y consiguientemente su decadencia final previa al advenimiento de la democracia.

La habilidad de Fethullah Gülen estriba en respetar el nacionalismo que preconizan los militares y políticos kemalistas, combinándolo con una interpretación que declara compatible el Islam con los valores democráticos universales. Gülen, que ha fijado su residencia en Pensilvania, alaba el papel de Estados Unidos en la propagación de tales valores, al tiempo que sus adeptos se están estableciendo en países como Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Azerbaiyán y Bosnia.

Al igual que el Opus Dei católico, el Movimiento Gülen predica una vida recta islámica a través del trabajo profesional, pero introduce además un ingrediente de corte calvinista: “A Alá le son gratos quienes se enriquecen como fruto del esfuerzo puesto en hacerse sabios y rendir al máximo en el trabajo”. Esa cuña de realidad social perfectamente modificable es la que más parece irritar a los integristas islámicos, para quienes la modernización que intenta Gülen equivale a abrazar y contaminarse con los peores vicios del capitalismo. Asimismo acusan a La Comunidad de ser un nuevo caballo de Troya de Estados Unidos, que tendría controlados así todos los resortes del poder en un país tan estratégico como Turquía.

Lo cierto en todo caso es que el Movimiento Gülen rige ya 200 institutos privados de enseñanza en Turquía, donde las clases se imparten en gran parte en inglés. Otras 300 instituciones similares han sido implantadas en Bosnia, Turkmenistán, Tayikistán y Azerbaiyán. Aunque la organización no ofrece datos acerca del número de sus adeptos, es ya una creencia general que muchos de sus miembros copan ya en abundancia los puestos directivos en sectores decisivos como banca, construcción, industria y comercio. En medios de información, su periódico, Zaman, le disputa a Hurriyet la primacía nacional en tirada y difusión.

Cabe señalar, sin embargo, que ya se ha producido un primer encontronazo entre Fethullah Gülen y Recep Tayyip Erdogan. Aquel no vio con buenos ojos que el gobierno de Ankara respaldara el flete de la flotilla que intentó romper el bloqueo de Gaza, y criticó duramente la reacción del jefe del gobierno turco al asalto realizado por las tropas israelíes. De momento, es solo una tormenta que no empaña el principal interés común de ambos: estabilizar el poder de Erdogan, de una parte, y conseguir una progresiva “evangelización” del mundo islámico a través del mensaje renovador de los Gülen.

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MERKEL NO ASEGURA EL APOYO ALEMAN AL INGRESO DE TURQUIA A LA UE

La jefa de Gobierno alemán, Angela Merkel, no quiso dar precisiones sobre el apoyo de Alemania al ingreso de Turquía a la Unión Europea (UE), pese al pedido que realizó hoy su par turco, Recept Tayyip Erdogan.

"Vamos a hablar sobre los próximos capítulos que se están abriendo", dijo Merkel sobre el proceso de ingreso de Estambul al bloque político económico del Viejo Continente, indicó la agencia de noticias alemana Dpa.

El diputado de la oficialista Unión Demócrata Crisitiana (CDU) de Alemania, Phillip Murmann, dijo a Télam en una charla en Buenos Aires el lunes pasado que la falta de apoyo de Berlín responde a que los turcos no comparten en su totalidad la "comunidad de valores" de la UE.

"Si bien no hay una religión oficial del Estado, hay falencias. En Turquía hay otra forma de ver la igualdad entre el hombre y la mujer, por ejemplo, en su relación con la poligamia", afirmó Murmann, pese a lo cual dijo que si "esto cambia" no habría obstáculos por parte de su gobierno.

Erdogan dijo en una conferencia de prensa conjunta con Merkel en Estambul que espera que se cumplan las promesas de Berlín porque "no debe haber cambios de rumbo ni frenos" en las negociaciones.

Por su parte, el gerente general de Confederación Alemana de la Industria (BDI), Werner Schnappauf, sostuvo que "el empresariado alemán espera que en el marco de las negociaciones para el ingreso de Turquía en la UE haya un diálgo franco y abierto".

"El país sigue siendo un mercado en expansión y tiene una ubicación estratégica", por lo que las conversaciones deben continuarse sin interrupciones, agregó Schnappauf.

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domingo, 10 de octubre de 2010

Erdogan se queja por el retraso de la entrada de Turquía en la UE

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha quejado por que se esté retrasando la entrada de su país a la Unión Europea (UE) y mostró su preocupación por que ciertos países miembros estén contribuyendo a atascar el proceso.

"El proceso no debería retrasarse", dijo Erdogan durante una rueda de prensa conjunta con la canciller alemana Angela Merkel.

La Comisión Europea está concluyendo su informe anual sobre los progresos de Turquía respecto de los requerimientos para formar parte de la Unión. El mayor problema al que se enfrenta la candidatura turca es la situación de punto muerto derivada de no reconocer a Chipre, país miembro de la UE.

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viernes, 8 de octubre de 2010

Erdogan pide a la UE que se aclare sobre la adhesión turca

ESTAMBUL, 6 Oct. (Reuters/EP) -


El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ha pedido a la Unión Europea que aclare si desea que Turquía se convierta en un Estado miembro de pleno derecho, en una manifestación de la frustración de Ankara por el continuo estancamiento de las conversaciones.

"Si no quieren a Turquía en la Unión, deberían decirlo", afirmó, durante un encuentro con empresarios en Estambul. "No nos tengan esperando", agregó.

Estas declaraciones llegan días después de que el responsable turco de las negociaciones con la UE, Egemen Bagis, criticase el rechazo de los Veintisiete a negociar con Turquía determinados asuntos. Bagis acusó a la Unión de tener motivos de índole política para retrasar la adhesión de Turquía, algo que ya respaldan menos de la mitad de los turcos que lo aplaudían hace una década, cuando el porcentaje de apoyo a la adhesión era del 75 por ciento.

Ankara inició las conversaciones formales en el año 2005, pero estos contactos apenas han avanzado por el rechazo turco de abrir sus puertos y aeropuertos al tráfico de Chipre, que sí es miembro de la UE. Además, la UE mantiene un bloqueo de un enclave turco de la zona norte chipriota.

Algunos Estados de la UE como Francia o Alemania se han mostrado abiertamente críticos con la entrada de Turquía, un país de 72 millones de personas relativamente pobre, de mayoría musulmana y que tiene fronteras con Irak, Irán y Siria.

Los vendedores de Estambul comercian en todas las lenguas de la Península Ibérica

El castellano y el catalán lo dominan casi todos, el euskra menos y el gallego es más difícil escucharlo

Una mujer de mediana edad pasea por el Gran Bazar de Estambul acompañada de su hija veinteañera. Se detienen en una tienda a mirar unos objetos de regalo.
El vendedor se dirige a la joven, y le dice: «¿Desean algo usted y su hermana?». La sonrisa, sobre todo la de la señora, está garantizada.
Pero para que este acto de galantería funcione, es necesaria la comunicación.
Dominar la lengua del comprador es una herramienta de venta esencial, sobre todo en los bazares de Estambul, donde los turistas españoles «hablan muy poco inglés», según aseguran los comerciantes.
¿Quieren otro ejemplo? Un turista observa unos objetos de regalo, pero hace amago de marcharse sin llevarse nada. «¿No me quieres comprar? ¡Tacaño! ¿No serás catalán?», dice el vendedor, en perfecto castellano.
«A los españoles les encanta que les hables en español, claro, porque es su idioma», dice Ilhan Kantemur, que comercia con pashminas y telas. Por ello, son muchos los que se esfuerzan por aprender un poco de este idioma.
Algunos, los que se lo pueden permitir, acuden al Instituto Cervantes, cuya sede en Estambul ofrece cursos especiales para vendedores.
Pero la mayoría aprenden por pura práctica. «El bazar es la mejor escuela, así es como se aprende, practicando», asegura Ömer Oktay, que habla no sólo un castellano perfecto, sino un catalán solvente y algo de euskera, además de inglés, francés, italiano y algo de japonés.
No es el único: por todas partes encontramos carteles de «Se Habla Español» y de «Es Parla Català», y escuchamos a los vendedores dirigiéndose a los clientes en las diferentes lenguas de la Península Ibérica. No encontramos a nadie que hable gallego, pero seguro que los hay…
Kantemur también ha aprendido aquí todo lo que sabe, hablando con los turistas. «Yo soy un 'pashminero', porque vendo pashminas», nos dice.
Uno se pregunta de dónde habrá sacado esta expresión, pero la respuesta es obvia: se lo ha dicho un turista español.
Los vendedores están ávidos de este tipo de ocurrencias, puesto que cuentan con hacer reír al cliente. Así que si usted camina por el Gran Bazar de Estambul y un 'pashminero' le asalta gritando «¡Qué pasa, neeeng!», no se extrañe demasiado.
Las expresiones populares, como es lógico, tardan un poco más en llegar hasta aquí.

sábado, 2 de octubre de 2010

Turquía: el largo camino de la europeización

La Habana, (PL) Turquía ha tenido que desandar un largo y escabroso camino que ya suma varias décadas en el intento de adherirse definitivamente a la Unión Europea (UE) como miembro de pleno derecho.

Mucho ha llovido desde que en 1963 la Comunidad Económica Europea, antecesora de la UE, suscribiera el tratado de asociación con el estado turco denominado Acuerdo de Ankara.

Un protocolo adicional fijó en 1970 los objetivos de la sociedad fortaleciendo las relaciones comerciales y financieras entre la eurozona y Turquía con la instauración de una Unión Aduanera.

Por años, la entrada de ese país a la UE como miembro pleno ha sido motivo de encendidas controversias que aún no dejan ver la luz al final del túnel.

Naciones como Alemania y Francia han ofrecido una férrea resistencia que fundamentan con la idea de que sería más conveniente conceder a Turquía un estatuto de asociación privilegiada y nada más.

El temor a un aumento de la inmigración turca y el consiguiente incremento de la influencia islámica dentro la zona cuentan entre las razones que esgrimen Berlín y París.

La oleada xenófoba que se vive en algunos de los países de la UE donde han ganado terreno partidos de extrema derecha tampoco le pone fácil el asunto a la candidatura turca.

Sin embargo, expertos advierten que la verdadera razón se encuentra en el hecho de que Turquía cuenta ahora con unos 72 millones de habitantes y para 2015 se espera que su población rebase la de Alemania.

De entrar a la UE, Ankara tendría en sus manos el poder de decisión en no pocas instituciones europeas gracias a su enorme población de derecho, lo que para algunos representa una amenaza.

Atendiendo al criterio de los analistas, más allá de consideraciones de índole religioso o racial, la oposición a la adhesión turca constituye, ante todo, un problema político.

Con la mira en Occidente

La aprobación de enmiendas constitucionales a inicios de septiembre constituye un importante paso con rumbo a la integración ya que zanja varias de las exigencias hechas por los 27 al gobierno de Turquía.

El 58 por ciento del electorado turco aprobó en referéndum, entre otros, la eliminación del factor militar de la Constitución y la ampliación de los derechos de sectores desfavorecidos.

Recep Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía, celebró la aprobación de las enmiendas por considerar que las mismas hacen traspasar al país el umbral hacia una democracia avanzada con la mira en Occidente.

El canciller español, Miguel Ángel Moratinos, estimó que la consulta fue extremadamente positiva y demostró el compromiso modernizador y la vocación europeísta de Turquía.

Moratinos confió en que en lo adelante sean superadas las reticencias de algunos miembros de la UE con respecto a la incorporación plena.

Pero para promover la apertura de las negociaciones previstas para 2014 sobre el eventual ingreso de Turquía, el grupo comunitario impone aún otras condiciones.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, señaló diferencias culturales y un cambio de actitud hacia ese país como obstáculos que frustran las ambiciones turcas de unirse al bloque.

La inserción de esa nación, que tiene en la UE a su principal socio comercial desde el establecimiento de la unión aduanera en 1996, vuelve a preocupar a los países comunitarios, enfrentados a la polémica.

Supuestas violaciones de los derechos humanos y fricciones con Chipre, un miembro de la UE que Turquía no reconoce, cuentan entre los escollos que deberá superar Ankara.

De cualquier forma, la UE no es ajena a las transformaciones internas que tienen lugar en ese país, las que fortalecen su papel geopolítico a nivel regional con una significativa influencia económica.

Según fuentes oficiales, los empresarios turcos controlan en Europa empresas y fábricas que suman un total de 500 mil empleados cuyas facturaciones rondan los 51 millones de dólares.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico prevé que para el año 2050 Turquía, que crece a un ritmo de cinco por ciento anual, ocupará el segundo lugar entre las economías europeas.

(*) La autora es periodista de la Redacción Europa de Prensa Latina