http://www.elpais.com/articulo/economia/global/locomotora/turca/elpepueconeg/20110417elpnegeco_1/Tes
Cuando en 1999 un terremoto de 6,8 puntos en la escala Ritcher sacudió el oeste de Turquía, matando a más de 180.000 personas, se encendieron todas las alarmas. Turquía descansa entre dos placas tectónicas y sus construcciones no estaban preparadas para resistir temblores. Entonces una fiebre se apoderó de Turquía. Las familias empezaron a hacer acopio de bebidas y alimentos, a dormir con linternas y silbatos junto a la cama. Las televisiones aconsejaban saltar por la ventana antes que quedarse dentro de un edificio. Incluso llegaron a fabricarse cápsulas de hierro, en las que una persona podía sobrevivir una semana mientras esperaba a ser rescatada de los escombros. Gobiernos locales, como el de Estambul, iniciaron planes de evaluación de edificios para identificar los que requerían refuerzos o su inmediata demolición. Hoy, al pasear por alguno de los barrios del centro de Estambul salta a la vista que estos proyectos, que hicieron frotarse las manos a los constructores turcos, no se llevaron a cabo.
Sin embargo, el anuncio marcó el inicio de una década de prosperidad para el sector de la construcción. Doce años después, las grúas forman parte del paisaje de toda ciudad turca. Los rascacielos crecen en los distritos financieros de Ankara y Estambul, donde se han inaugurado 40 torres en los últimos seis años y, según el instituto turco de estadística, cada año se construyen medio millón de viviendas nuevas en el país, además de autopistas y raíles de alta velocidad.
La construcción es, sin duda, la cara más visible del milagro económico turco. Plenamente recuperada de la crisis de 2001, Turquía es hoy una economía dinámica y joven que creció un 8,9% en 2010. En diez años, el país ha conseguido reducir la inflación del 70% al 9% y situar su deuda pública en el 49% del PIB. "En los años noventa todo el mundo quería entrar en la banca, ahora el lugar donde estar es la construcción", afirma Onur Ozger, gerente del Bilgili Holding, una de las compañías más importantes del sector inmobiliario turco. Ozger explica que el sector creció un 15% el año pasado, con una inversión de capital extranjero de 2.500 millones de dólares. "Las previsiones para 2011 son aún mejores", asegura.
El inicio del boom inmobiliario se sitúa en 2003, cuando el Gobierno reformó la ley que restringía la compra de propiedades a los extranjeros, vigente desde 1924. Desde entonces, la compra masiva de segunda vivienda por europeos duplicó los precios en la costa del Egeo y Estambul. Sin embargo, para los turcos los intereses del 10% en las hipotecas hacen que solo las clases acomodadas puedan aspirar a una segunda residencia, lo que "aleja el peligro de una burbuja inmobiliaria como la española", según Ozger.
En cuanto al mercado de primera vivienda, la demografía turca -más de la mitad de la población tiene menos de 30 años- y el aumento del poder adquisitivo de las clases medias lo convierten en sector muy atractivo para las constructoras, un mercado que lleva años dominado por la agencia semiestatal TOKI. Este organismo, creado en 1981 por los generales golpistas, controla y vende gran parte del suelo urbano perteneciente al Estado y, desde la llegada del AKP al poder, se ha convertido en el mayor propietario de tierras del país. Además, desde 2007 tiene los derechos de expropiación y planificación de los asentamientos chabolistas, gecekondu bölges, en turco. Sus viviendas copan el 20% del mercado inmobiliario e inundan la periferia de las ciudades de bloques de edificios baratos y de mala calidad, según los datos del colectivo de arquitectos Imece.
Las exenciones fiscales, los subsidios y tratos de favor a las grandes empresas como TOKI, han influido en la falta de planificación urbana de las ciudades. En Estambul hay 300.000 viviendas vacías, sin embargo, la periferia de la ciudad se expande cada año. "En Turquía primero se hace y luego se crea la ley que lo regule, eso ha permitido que se hagan barbaridades", explica el famoso estudio de arquitectura Tabanlioglu.
Colectivos como el Imece denuncian la estrecha relación entre la clase política y las grandes empresas, y el uso de TOKI por parte del Gobierno con fines electoralistas. "Su director, Erdogan Bayraktar, se presenta como candidato del Gobierno a las elecciones de junio. Es un claro ejemplo de esa relación", explican.
Una relación que se reproduce en el exterior: los frecuentes viajes de los políticos turcos se han convertido en la excusa perfecta de los constructores para aumentar su presencia en el mercado euroasiático, cuya cartera de negocios asciende a 130.000 millones de dólares, según la Agencia Turca de Inversión (Ispat). "La actual política, bautizada como neotomanismo, no se entendería sin los importantes lazos económicos que las empresas turcas han creado con los países de su entorno", explica el profesor Cengir Aktar de la Universidad de Bahçesehir.
Pero la construcción de viviendas solo aporta el 10% de las ganancias al sector. Dentro de las ciudades, rascacielos, hoteles y centros comerciales se llevan la parte del león. Las clases medias, con sus ojos puestos en Europa, han abandonado la cultura del bazar, tan enraizada en las generaciones anteriores, por Starbucks y H&M. En ocho años, se han inaugurado 150 centros comerciales en todo el país. Un crecimiento solo comparable al de los hoteles, cuya construcción se ha disparado debido a los casi 30 millones de turistas que Turquía recibe anualmente. "Existe una gran demanda de hoteles de 3 y 4 estrellas de estándar europeo en Estambul, pero también en el centro y sureste", explica Orhan Gündüz, cuya empresa planea construir hoteles en el centro del país. "Es un mercado prometedor con pocos operadores internacionales", afirma.
El resto del pastel son obras públicas, el transporte y las plantas energéticas. Según un informe de la Embajada alemana, Turquía necesita financiación para acometer estos proyectos pero, sobre todo, "necesita importar conocimiento para infraestructuras de alto componente tecnológico". El informe apunta que el 25% de la inversión extranjera de los últimos siete años ha sido en este segmento de la construcción. El programa de inversiones públicas 2009-2011 del Gobierno, que contempla la expansión de la alta velocidad al centro de Anatolia y el refuerzo de puentes, viaductos y carreteras frente a posibles movimientos telúricos, ha sido uno de los grandes beneficiarios de estas inversiones.
Empresas alemanas y, sobre todo, italianas se han subido a la ola. También China, que con 28.000 millones de dolares se convierte en la máxima inversora en la alta velocidad turca. No así las empresas españolas. Su acercamiento al mercado turco ha sido hasta la fecha bastante tímido. Unas trescientas empresas tienen presencia en este país, tres veces menos que las italianas.
Turquía, consciente de su encanto, se deja querer. Su rendimiento y su posición estratégica han atraído a 70 nuevas empresas en lo que va de año en busca de alta rentabilidad. La locomotora continúa en 2011 a todo gas, mientras mira con desdén a una Europa en crisis. -
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domingo, 17 de abril de 2011
La locomotora turca
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lunes, 3 de enero de 2011
El Almodóvar de la novela policíaca turca
Mehmet Murat Somer es uno de los escritores turcos más exitosos. Publicó "Los crímenes del profeta".
Resulta cuando menos insólito que Mehmet Murat Somer, uno de los escritores turcos de más éxito en el mundo de la novela policiaca, adore a la gran dama de la canción María Dolores Pradera, se emocione con la Zarzuela y disfrute con "La violetera", sobre todo por su protagonista, Sara Montiel.
Somer, que jamás vivió en España pero asegura que creció viendo las películas de Marisol y tararea "La vida es una tómbola", acaba de presentar "Los crímenes del profeta", nueva entrega de su serie detectivesca que cuenta con un no menos insólito protagonista: un transexual que se denomina a sí misma la Miss Marple turca.
"Ya no tenemos alfombras voladoras", exclama en la entrevista el autor, quien ofrece una visión actual (y bastante atípica) de Estambul desde la perspectiva de un travesti, toda una provocación dentro de una sociedad de fuerte impronta religiosa, cuya vida cotidiana sigue marcada por las llamadas a la oración desde los minaretes de las mezquitas.
"Los crímenes del profeta" (Ediciones B) aborda el extremismo religioso a través de una vibrante trama con situaciones emocionantes y personajes pintorescos. El protagonista es un experto informático de día y, cuando cae el sol, la reina de un club nocturno, que tras leer una noticia sobre el asesinato de una de "las chicas" sigue la pista de una serie de crueles asesinatos de transexuales cometidos sobre todo en Estambul.
"Normalmente esa gente está considerada marginal y están en la periferia de la sociedad y yo pensé que podrían ser mis personajes principales ¿Por qué no? Y quería presentarlos de una forma ligera, efervescente, como el champán".
"Personalmente como lector de novela negra no me gusta la sangre y el 'gore'. Me gusta lo ligero y eso incluye también la escritura de algo ligero, en color rosa", comentó el escritor, quien asegura que se encuentra en su "fase rosa".
En Turquía -continuó- hay destacados personajes que son transexuales o travestis, como dos de sus más famosos cantantes durante décadas, y menciona a Zeki Müren, conocido como "Sun of Art", y Bülent Ersoy, una diva transexual. "Comparada con ella, Liberace parece John Wayne", apostilla mientras una sonrisa amaga en su rostro.
De ingeniero a escritor
Somer (Ankara, 1959), que antes de sentarse a escribir fue ingeniero y ejecutivo de la banca internacional, publica ahora en España y América latina la primera de las peripecias del único investigador travesti. Aunque en la actualidad es todo un fenómeno en su país, sus novelas comenzaron a leerse en Internet, hasta que Iletisim Yayinlari, la prestigiosa editorial del Premio Noblel de Literatura, Orhan Pamuk, decidió imprimir sus historias.
Fan del escritor Eduardo Mendoza y lector voraz de novela negra, Somer considera el mejor de los elogios cuando le comentan que sus novelas tienen un aire a la cinematografía de Pedro Almodóvar. "Pero sobre todo a sus primeros trabajos", puntualiza. "Me encantaría que hiciera una película de mis novelas", confesó.
Resulta cuando menos insólito que Mehmet Murat Somer, uno de los escritores turcos de más éxito en el mundo de la novela policiaca, adore a la gran dama de la canción María Dolores Pradera, se emocione con la Zarzuela y disfrute con "La violetera", sobre todo por su protagonista, Sara Montiel.
Somer, que jamás vivió en España pero asegura que creció viendo las películas de Marisol y tararea "La vida es una tómbola", acaba de presentar "Los crímenes del profeta", nueva entrega de su serie detectivesca que cuenta con un no menos insólito protagonista: un transexual que se denomina a sí misma la Miss Marple turca.
"Ya no tenemos alfombras voladoras", exclama en la entrevista el autor, quien ofrece una visión actual (y bastante atípica) de Estambul desde la perspectiva de un travesti, toda una provocación dentro de una sociedad de fuerte impronta religiosa, cuya vida cotidiana sigue marcada por las llamadas a la oración desde los minaretes de las mezquitas.
"Los crímenes del profeta" (Ediciones B) aborda el extremismo religioso a través de una vibrante trama con situaciones emocionantes y personajes pintorescos. El protagonista es un experto informático de día y, cuando cae el sol, la reina de un club nocturno, que tras leer una noticia sobre el asesinato de una de "las chicas" sigue la pista de una serie de crueles asesinatos de transexuales cometidos sobre todo en Estambul.
"Normalmente esa gente está considerada marginal y están en la periferia de la sociedad y yo pensé que podrían ser mis personajes principales ¿Por qué no? Y quería presentarlos de una forma ligera, efervescente, como el champán".
"Personalmente como lector de novela negra no me gusta la sangre y el 'gore'. Me gusta lo ligero y eso incluye también la escritura de algo ligero, en color rosa", comentó el escritor, quien asegura que se encuentra en su "fase rosa".
En Turquía -continuó- hay destacados personajes que son transexuales o travestis, como dos de sus más famosos cantantes durante décadas, y menciona a Zeki Müren, conocido como "Sun of Art", y Bülent Ersoy, una diva transexual. "Comparada con ella, Liberace parece John Wayne", apostilla mientras una sonrisa amaga en su rostro.
De ingeniero a escritor
Somer (Ankara, 1959), que antes de sentarse a escribir fue ingeniero y ejecutivo de la banca internacional, publica ahora en España y América latina la primera de las peripecias del único investigador travesti. Aunque en la actualidad es todo un fenómeno en su país, sus novelas comenzaron a leerse en Internet, hasta que Iletisim Yayinlari, la prestigiosa editorial del Premio Noblel de Literatura, Orhan Pamuk, decidió imprimir sus historias.
Fan del escritor Eduardo Mendoza y lector voraz de novela negra, Somer considera el mejor de los elogios cuando le comentan que sus novelas tienen un aire a la cinematografía de Pedro Almodóvar. "Pero sobre todo a sus primeros trabajos", puntualiza. "Me encantaría que hiciera una película de mis novelas", confesó.
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jueves, 25 de noviembre de 2010
Grecia abre la puerta a una cumbre que dinamice la adhesión de Turquía a la UE
El inmovilismo de Estambul respecto al conflicto de Chipre y el rechazo de Alemania, Francia y Austria a la adhesión, principales lastres
Budapest. (Efe).- El ministro griego de Exteriores, Dimitris Droutsas, propuso en Budapest celebrar una cumbre entre la Unión Europea (UE) y Turquía para dar un nuevo dinamismo al proceso de adhesión comunitaria del país eurasiático.
"Después de las próximas elecciones en Turquía (previstas para junio de 2011), sería necesario un debate abierto dentro del marco de un encuentro o una cumbre", señaló el ministro helénico al término de una reunión con su homólogo húngaro, János Martonyi. Una reunión entre Turquía y los países comunitarios serviría para reforzar "el compromiso asumido de manera abierta y sincera, de que la UE integrará a Turquía como miembro pleno de la comunidad".
Droutsas matizó que "por ahora se trata de una idea" que sin embargo podría servir para destacar el compromiso asumido por la UE con Turquía. El ministro resaltó que "este encuentro podría servir también para que Turquía reafirme sus compromisos asumidos".
Turquía, rival histórico de Grecia en el sureste de Europa, negocia su entrada en la UE desde octubre de 2005.
Las conversaciones siguen sin mayores avances, entre otros asuntos, por la postura intransigente de Turquía en el conflicto de Chipre pero también por el rechazo abierto a su adhesión de países como Alemania, Francia y Austria.
Budapest. (Efe).- El ministro griego de Exteriores, Dimitris Droutsas, propuso en Budapest celebrar una cumbre entre la Unión Europea (UE) y Turquía para dar un nuevo dinamismo al proceso de adhesión comunitaria del país eurasiático.
"Después de las próximas elecciones en Turquía (previstas para junio de 2011), sería necesario un debate abierto dentro del marco de un encuentro o una cumbre", señaló el ministro helénico al término de una reunión con su homólogo húngaro, János Martonyi. Una reunión entre Turquía y los países comunitarios serviría para reforzar "el compromiso asumido de manera abierta y sincera, de que la UE integrará a Turquía como miembro pleno de la comunidad".
Droutsas matizó que "por ahora se trata de una idea" que sin embargo podría servir para destacar el compromiso asumido por la UE con Turquía. El ministro resaltó que "este encuentro podría servir también para que Turquía reafirme sus compromisos asumidos".
Turquía, rival histórico de Grecia en el sureste de Europa, negocia su entrada en la UE desde octubre de 2005.
Las conversaciones siguen sin mayores avances, entre otros asuntos, por la postura intransigente de Turquía en el conflicto de Chipre pero también por el rechazo abierto a su adhesión de países como Alemania, Francia y Austria.
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viernes, 12 de noviembre de 2010
Chery opta por Turquía para desembarcar en Europa
Chery se ha decantado finalmente por Turquía para entrar en el mercado europeo. Los incentivos del Gobierno y las fluidas relaciones comerciales entre Turquía y Europa han convencido al gigante de la automoción china para instalar su fábrica en la provincia de Sakarya, a 300 kilómetros de Estambul.
Según explicó a EL PAÍS el director del proyecto de Turquía, Siraç As, la planta empezará a construirse dentro de dos meses, "estará terminada a finales de 2012 y empleará a 3.000 operarios". El coste del proyecto asciende a 364 millones de euros e incluye, además de la fábrica, un hotel y un centro comercial. La Generalitat, que batalla para que la firma china abra una fábrica en Cataluña, aseguró que esta apertura no supone un riesgo para el proyecto en la comunidad.Según Mermeler Group, distribuidor de Chery en Turquía, la producción de la planta de Sakarya será de 20.000 vehículos en los primeros cinco años, pero aumentará a 100.000 tras ese periodo. Serán tres modelos los que se fabricarán en Sakarya. El director general de Mermeler, Yüsek Mermer, aseguró que "todos los vehículos" cumplen "las normas europeas de calidad y seguridad". "La producción de Sakarya tendrá como destino Turquía y Europa", apostilló.
El Ejecutivo catalán en bloque defendió ayer la candidatura de Cataluña para que Chery abra una fábrica en ella. El anuncio de las negociaciones con el gigante chino ya fue un golpe de efecto del Gobierno tripartito, en particular de José Montilla, a menos de tres meses de las elecciones. Avalado por la tradición automovilística catalana, un amplio abanico de proveedores e infraestructuras de investigación y desarrollo, el proyecto debía atraer una inversión de 1.000 millones y generar unos 10.000 empleos directos e indirectos a partir de 2012.
Chery está en más de 60 países -tiene fábricas en Egipto, Irán, Rusia, Ucrania y Brasil- y produce 36 modelos. Por ello, fuentes cercanas a las negociaciones entre la firma y el Ejecutivo catalán aseguraron que Cataluña no compite con Turquía. Según estas fuentes, el Ejecutivo sigue trabajando en el proyecto y se mantienen las negociaciones y las visitas de delegaciones catalanas a China y viceversa. Una portavoz del Ejecutivo abundó en eso: "Chery está mirando muchos mercados porque están en fase expansiva". El entorno de Montilla agregó que el presidente no buscará otro golpe de efecto acelerando el proceso, dadas las dimensiones del proyecto.
El director del proyecto turco, Siraç As, aseguró que una de las bazas de la región son los proveedores. "Hay muchas marcas que se están instalando en Turquía, entre ellas muchas chinas, como DHF, Haima y BYD", explicó. Según la Asociación de Manufacturas Automovilísticas, Turquía es el mayor fabricante de autobuses de Europa y el décimoséptimo de turismos del mundo, con una producción de 870.000 vehículos en 2009.
Según explicó a EL PAÍS el director del proyecto de Turquía, Siraç As, la planta empezará a construirse dentro de dos meses, "estará terminada a finales de 2012 y empleará a 3.000 operarios". El coste del proyecto asciende a 364 millones de euros e incluye, además de la fábrica, un hotel y un centro comercial. La Generalitat, que batalla para que la firma china abra una fábrica en Cataluña, aseguró que esta apertura no supone un riesgo para el proyecto en la comunidad.Según Mermeler Group, distribuidor de Chery en Turquía, la producción de la planta de Sakarya será de 20.000 vehículos en los primeros cinco años, pero aumentará a 100.000 tras ese periodo. Serán tres modelos los que se fabricarán en Sakarya. El director general de Mermeler, Yüsek Mermer, aseguró que "todos los vehículos" cumplen "las normas europeas de calidad y seguridad". "La producción de Sakarya tendrá como destino Turquía y Europa", apostilló.
El Ejecutivo catalán en bloque defendió ayer la candidatura de Cataluña para que Chery abra una fábrica en ella. El anuncio de las negociaciones con el gigante chino ya fue un golpe de efecto del Gobierno tripartito, en particular de José Montilla, a menos de tres meses de las elecciones. Avalado por la tradición automovilística catalana, un amplio abanico de proveedores e infraestructuras de investigación y desarrollo, el proyecto debía atraer una inversión de 1.000 millones y generar unos 10.000 empleos directos e indirectos a partir de 2012.
Chery está en más de 60 países -tiene fábricas en Egipto, Irán, Rusia, Ucrania y Brasil- y produce 36 modelos. Por ello, fuentes cercanas a las negociaciones entre la firma y el Ejecutivo catalán aseguraron que Cataluña no compite con Turquía. Según estas fuentes, el Ejecutivo sigue trabajando en el proyecto y se mantienen las negociaciones y las visitas de delegaciones catalanas a China y viceversa. Una portavoz del Ejecutivo abundó en eso: "Chery está mirando muchos mercados porque están en fase expansiva". El entorno de Montilla agregó que el presidente no buscará otro golpe de efecto acelerando el proceso, dadas las dimensiones del proyecto.
El director del proyecto turco, Siraç As, aseguró que una de las bazas de la región son los proveedores. "Hay muchas marcas que se están instalando en Turquía, entre ellas muchas chinas, como DHF, Haima y BYD", explicó. Según la Asociación de Manufacturas Automovilísticas, Turquía es el mayor fabricante de autobuses de Europa y el décimoséptimo de turismos del mundo, con una producción de 870.000 vehículos en 2009.
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domingo, 8 de marzo de 2009
Estambul Torres y alminares
«Si la Tierra fuera un sólo estado, Estambul sería su capital», Napoleón Bonaparte. «Mezquitas con enormes alminares que se perfilan sobre el color azufre del atardecer», Pierre Loti. «Mano antigua cubierta de anillos tendida hacia Europa», Jean Cocteau. Tres formas de definir esta ciudad entre las infinitas posibles. Desde la rotundidad del emperador y el apasionamiento del romántico, hasta la ambigüedad del polígrafo y cineasta.
Oriente y Occidente, dos puntos cardinales. Asia y Europa, dos continentes. Mármara y Negro, dos mares. Costantinopla y Estambul, dos nombres. Torres y alminares, dos símbolos del poder y de la fe. Eterna dualidad de una ciudad eterna. Constante ambivalencia de la más oriental de las ciudades occidentales (y viceversa).
Estambul es una mixtura sin divisiones claras. Una imprecisión mil veces definida por propios y extraños. Y entre los propios destaca el escritor Orhan Pamuk, premio Nobel en 2006, cuya obra refleja la yuxtaposición de las tradiciones orientales con las occidentales, la añoranza por un pasado perdido y anhelo por la modernidad inalcanzada. Otro ejemplo es el cineasta Fatih Akin, director y guionista de «Cruzando el puente», una lúcida aproximación a la música y la sociedad actual turca que ,como el mismo Akin -un «kanak» nacido en Berlín de padres turcos- es la fusión de dos culturas.
No debe extrañarnos, pues, que la capital de los sultanes otomanos vaya a ser el año que viene la capital cultural de Europa. Como a nadie extraña que Anatolia (Çatalköyük), el corazón de Turquía, haya sido una de las cunas de la civilización occidental.
Mezcla respetuosa y enriquecedora que queda patente en la mezquita de Kariye, antigua iglesia de San Salvador de Chora, un macizo edificio bizantino que el gran visir Atik Ali Pacha salvó de la quema y al que mandó añadir un alminar. O en la Mezquita Árabe, antigua iglesia de San Pablo.
Y qué decir de Santa Sofía, símbolo de la ciudad, antigua basílica cristiana construida en el siglo VI por el emperador Justiniano I, y que los turcos, nada más tomar la ciudad en 1453, convirtieron en mezquita sin apenas tocarla y con la adición de cuatro alminares.
Porque torres y alminares son una constante en el paisaje estambulita. Las torres representando el alma occidental de la ciudad, los alminares, la oriental.
Y entre las torres de Estambul hay una clara reina, la de Gálata. Vista desde la ciudad antigua casi se solapa con la torre del hotel Mármara Pera de 19 pisos. Esta del siglo XX, la otra del XIV, cuando los genoveses reconstruyeron allí una atalaya anterior. Torre circular coronada por una caperuza cónica, sirvió sucesivamente como baluarte de la ciudad amurallada occidental -frente a la ciudad bizantina del otro lado del Cuerno de Oro- cárcel y observatorio de vigilancia contra incendios y del movimiento portuario.
Mirador abalconado
Hoy es una atracción turística de primer orden. Al mirador exterior abalconado, situado a 62 metros de altura, se puede acceder por una escalera de caracol de 143 escalones o en ascensor. La vista en panorámica de 360 grados sobre la ciudad es uno de los imprescindibles de Estambul.
Entre los alminares -minarete es un galicismo que hay que evitar- la cosa está más reñida. Hay tantos que el turista tiene difícil encontrar un ángulo en el que la cámara no capte alguno.
El alminar (de «al manara», el faro) es una torre situada junto a la mezquita desde la que el almuédano o muecín realiza el «adhan» o llamada a la oración cinco veces al día. Hoy, en la mayoría de sus balconcillos hay altavoces desde los que se difunde la llamada previamente grabada. Hasta tal punto son símbolos del islamismo -como los campanarios pueden serlo del cristianismo- que la extrema derecha suiza ha promovido iniciativas para que sea prohibida su construcción en el país helvético.
Y entre todos los alminares de Estambul permítanme que me quede con los de la mezquita de Solimán el Magnífico. No es que desprecie los de la Mezquita Azul, que tiene seis cuando lo normal es no sobrepasar los cuatro, pero los construidos por el gran arquitecto Sinan en el siglo XVI en una de las nueve colinas que domina Estambul son el epítome de la arquitectura otomana. Cilindros como cohetes apuntando al cielo, esbeltos y con tejado cónico. Aspecto este último que los vincula con la Torre de Gálata. De nuevo la dualidad de Estambul
Oriente y Occidente, dos puntos cardinales. Asia y Europa, dos continentes. Mármara y Negro, dos mares. Costantinopla y Estambul, dos nombres. Torres y alminares, dos símbolos del poder y de la fe. Eterna dualidad de una ciudad eterna. Constante ambivalencia de la más oriental de las ciudades occidentales (y viceversa).
Estambul es una mixtura sin divisiones claras. Una imprecisión mil veces definida por propios y extraños. Y entre los propios destaca el escritor Orhan Pamuk, premio Nobel en 2006, cuya obra refleja la yuxtaposición de las tradiciones orientales con las occidentales, la añoranza por un pasado perdido y anhelo por la modernidad inalcanzada. Otro ejemplo es el cineasta Fatih Akin, director y guionista de «Cruzando el puente», una lúcida aproximación a la música y la sociedad actual turca que ,como el mismo Akin -un «kanak» nacido en Berlín de padres turcos- es la fusión de dos culturas.
No debe extrañarnos, pues, que la capital de los sultanes otomanos vaya a ser el año que viene la capital cultural de Europa. Como a nadie extraña que Anatolia (Çatalköyük), el corazón de Turquía, haya sido una de las cunas de la civilización occidental.
Mezcla respetuosa y enriquecedora que queda patente en la mezquita de Kariye, antigua iglesia de San Salvador de Chora, un macizo edificio bizantino que el gran visir Atik Ali Pacha salvó de la quema y al que mandó añadir un alminar. O en la Mezquita Árabe, antigua iglesia de San Pablo.
Y qué decir de Santa Sofía, símbolo de la ciudad, antigua basílica cristiana construida en el siglo VI por el emperador Justiniano I, y que los turcos, nada más tomar la ciudad en 1453, convirtieron en mezquita sin apenas tocarla y con la adición de cuatro alminares.
Porque torres y alminares son una constante en el paisaje estambulita. Las torres representando el alma occidental de la ciudad, los alminares, la oriental.
Y entre las torres de Estambul hay una clara reina, la de Gálata. Vista desde la ciudad antigua casi se solapa con la torre del hotel Mármara Pera de 19 pisos. Esta del siglo XX, la otra del XIV, cuando los genoveses reconstruyeron allí una atalaya anterior. Torre circular coronada por una caperuza cónica, sirvió sucesivamente como baluarte de la ciudad amurallada occidental -frente a la ciudad bizantina del otro lado del Cuerno de Oro- cárcel y observatorio de vigilancia contra incendios y del movimiento portuario.
Mirador abalconado
Hoy es una atracción turística de primer orden. Al mirador exterior abalconado, situado a 62 metros de altura, se puede acceder por una escalera de caracol de 143 escalones o en ascensor. La vista en panorámica de 360 grados sobre la ciudad es uno de los imprescindibles de Estambul.
Entre los alminares -minarete es un galicismo que hay que evitar- la cosa está más reñida. Hay tantos que el turista tiene difícil encontrar un ángulo en el que la cámara no capte alguno.
El alminar (de «al manara», el faro) es una torre situada junto a la mezquita desde la que el almuédano o muecín realiza el «adhan» o llamada a la oración cinco veces al día. Hoy, en la mayoría de sus balconcillos hay altavoces desde los que se difunde la llamada previamente grabada. Hasta tal punto son símbolos del islamismo -como los campanarios pueden serlo del cristianismo- que la extrema derecha suiza ha promovido iniciativas para que sea prohibida su construcción en el país helvético.
Y entre todos los alminares de Estambul permítanme que me quede con los de la mezquita de Solimán el Magnífico. No es que desprecie los de la Mezquita Azul, que tiene seis cuando lo normal es no sobrepasar los cuatro, pero los construidos por el gran arquitecto Sinan en el siglo XVI en una de las nueve colinas que domina Estambul son el epítome de la arquitectura otomana. Cilindros como cohetes apuntando al cielo, esbeltos y con tejado cónico. Aspecto este último que los vincula con la Torre de Gálata. De nuevo la dualidad de Estambul
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