sábado 31 de octubre de 2009

Turquia tiene un factor de importancia creciente en el complicado escenario del Medio Oriente

¿Es Turquía un país del Medio Oriente? Esta pregunta puede provocar debates interminables si Ud. se la hace a los turcos, pues la revolución modernizante que lidereó Ataturk a partir de la proclamación de la república el 29 de octubre de 1923, puso sus ojos en Europa Occidental como modelo hacia donde se debía avanzar e hizo transformaciones importantes en este camino.

Sin embargo, desde el punto de vista geográfico, el país otomano extiende más del 90% de sus 814 mil kilómetros cuadrados sobre la península de Anatolia, en el continente asiático, y sólo una pequeña porción de su territorio es realmente europeo. Pero tal vez lo más importante a la hora de llegar a definiciones sea lo referente a las raíces religiosas y culturales que mantienen a casi la totalidad de la población vinculada a la fe islámica, haciéndolos parte de un mundo que los europeos y occidentales ven como ajeno y algunos miran con no pocos prejuicios..

La religión islámica o musulmana, posiblemente mucho más que la cristiana, implica también una cultura o una forma de vida y aunque entre los turcos existen diferentes niveles en cuanto a su práctica, se puede afirmar que todo el país vive siguiendo sus normas. Turquía continúa siendo parte del “Oriente Islámico” como se le conocía en el pasado y ello la sigue diferenciando del “Occidente Cristiano”, con el cual tuvo no pocas contradicciones y guerras en siglos pasados, cuando Estambul era la floreciente capital de un vasto Imperio y el Sultán era a la vez Califa, es decir la máxima autoridad de esta religión.

A finales del siglo XIX y ya en plena decadencia, el Imperio comenzó a desmembrarse frente a la ambición colonialista de las grandes potencias, proceso que culminó durante la Primera Guerra Mundial, cuando Francia e Inglaterra firmaron en 1916 el Tratado Sykes-Picot mediante el cual se distribuyeron prácticamente todo el Medio Oriente y junto a Grecia e Italia, invadieron partes de la actual Turquía, incluido el control de Estambul, ciudad que por su estratégica posición geográfica sobre el Bósforo, domina el tráfico marítimo entre el Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Fue entonces cuando Mustafá Kemal Ataturk, Héroe Nacional de los turcos, encabezó una guerra de liberación que culminó exitosamente en 1923 e inició la construcción de la Turquía republicana moderna.

Ingleses y franceses habían prometido a los árabes, si se unían a la lucha contra el Imperio Otomano, darles la independencia, lo cual no cumplieron. Sin embargo otorgaron a los judíos el derecho, mediante un documento conocido como la Declaración Balfour, de iniciar la colonización de Palestina, que hasta ese entonces, 1917, había estado habitada casi totalmente por población árabe e islámica. Este hecho fue decisivo para fomentar el conflicto del Medio Oriente que dura hasta nuestros días.

El proceso modernizante iniciado por Ataturk después de liberar el país, tuvo algunos aspectos que lo hicieron alejarse de su entorno medioriental. Por ejemplo: cambió la caligrafía árabe con que escribían los turcos, también debió enfrentarse a la resistencia de la estructura religiosa islámica tradicional que se opuso a la pérdida de su poder e influencia, sustituida por nuevas formas de gobierno secular. Las transformaciones abarcaron ademas cambios relativos a hábitos y costumbres que se identificaban con el mundo árabe y oriental.

Después de la muerte de Ataturk, Turquía inició un proceso de comprometimiento político y militar con Occidente que la llevaría, al concluir la Segunda Guerra Mundial, a formar parte de la OTAN y a jugar un importante papel como aliado incondicional de los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría. Es en este escenario que se produjo su acercamiento a Israel y un creciente enfrentamiento con los países árabes e islámicos de su entorno.

He podido constatar que para muchos, que no han seguido de cerca la política turca en los últimos años, esta apreciación más o menos se mantiene intacta. Sin embargo finalizada la Guerra Fría y a pesar de que Turquía mantiene su membresía en la OTAN, se aprecia un interesante proceso de cambios donde se le viene dando prioridad a los intereses nacionales a la hora de tomar decisiones de política exterior. Esta línea, que refleja la posición de importantes fuerzas políticas, tanto en el actual gobierno como en la oposición, se percibe una creciente atención de su gobierno a las relaciones con el entorno, por cierto no sólo árabe, sino también en el Caúcaso y los Balcanes, zonas de históricos vínculos, y consideradas de prioridad política, económica y cultural. Debido a ello, algunos críticos del actual gobierno, integrado por el Partido de la Justicia y el Desarrollo, de corte islámico, afirman que éstos avanzan hacia un “neo-otomanismo”, en alusión a los antecedentes imperiales.

Lo cierto es que Turquía es un país con un fuerte potencial, que parece haber tomado conciencia de sus posibilidades y trabaja por convertirse en una potencia regional de primer orden. Su posición geográfica es estratégica, pues su territorio es una especie de puente entre Europa, Asia y el Medio Oriente. Tiene una numerosa población, 75 millones de habitantes y su economía ya clasifica en el número 17 a nivel mundial y sigue creciendo. No es productor de petróleo y gas hasta el momento, pero es el cruce obligado de oleoductos y gasoductos que transportan estos energéticos desde Irán, Iraq, la rica zona del Caspio, Asia Central y Rusia hacia Europa y Occidente. Su producción agrícola no sólo abastece las necesidades del país, sino que es gran exportadora y posee abundante agua.

Entre los dirigentes políticos turcos parece predominar ahora la conciencia de que es mucho más provechoso para los intereses del país mantener una línea independiente, que mantenerse atados a los intereses de EEUU u Occidente, lo cual no significa necesariamente que busquen la confrontación con éstos. La nueva política turca está calificada como de “balances o equilibrios”, favoreciendo claramente un orden multipolar. Por otra parte, los turcos también parecen haber llegado al convencimiento de que son demasiado importantes para que EEUU y la UE los pierdan como aliados.

Posiblemente una primera y contundente señal de los nuevos tiempos, fue la decisión de no facilitar el territorio turco para la entrada de tropas estadounidenses en Iraq en marzo del 2003, lo cual obligó a utilizar únicamente a Kuwait como plaza de concentración desde donde penetrar en Iraq, con todas las complicaciones militares que ello implicaba. Esta decisión creó una profunda desconfianza en los dirigentes yankis y provocó que el propio viceprersidente Dick Cheney acusara a los turcos de ser los culpables de la creciente resistencia que encontraron, pues según él, no pudieron llegar a tiempo para desarmar a las fuerzas armadas iraquíes.

Por otro lado, los turcos han estado convencidos de que los ocupantes estadounidenses en Iraq, les “pasaron la cuenta” propiciando el establecimiento de bases de la organización armada kurda, el PKK, que realiza desde allí, acciones violentas contra su territorio.

Otros puntos de contradicción con los EEUU se refieren a la política hacia Irán, Siria y Líbano, donde el gobierno turco viene actuando de forma independiente, según su interés nacional desconociendo los mensajes que llegan desde Washington. Irán es un socio comercial de gran envergadura de Turquía y constituye su segundo abastecedor de gas después de Rusia y el gobierno de Ankara se ha negado rotundamente a presionar a Teherán ni siquiera en el complicado tema de su desarrollo atómico, afirmando que debe considerarse antes el peligro que implica el armamento de este tipo en manos de Israel.

Turquía también normalizó sus relaciones, otrora muy tensas, con Siria y ahora éstas fluyen sobre una base de colaboración fraternal y considerable intercambio económico y político. Con la anuencia de Damasco, patrocinó un proceso de negociaciones indirectas con Israel, cuya continuación ha rechazado Natanyahu por considerar que Ankara no es digna de su confianza. También los turcos se han negado a jugar un papel a favor de los Estados Unidos en el complicado conflicto libanés.

A pesar de mantener relaciones diplomáticas con Tel Aviv, el gobierno turco ha acusado en más de una ocasión a los israelitas de practicar el terrorismo de estado y el genocidio contra el pueblo palestino. Cuando en enero del 2006 la organización de corte islámico HAMAS, ganó las elecciones en Palestina, lo cual fue desconocido y rechazado por EEUU y Europa, el gobierno turco recibió a sus dirigentes y los reconoció como autoridades legítimas, lo cual generó fuertes críticas tanto de israelíes como estadounidenses. Ello sólo es parte de una cadena de incidentes que han profundizado la desconfianza mutua y que tuvo un momento especial cuando el primer ministro turco, R. T. Erdogán, increpó al presidente judío, Simón Pérez durante la última cumbre de Davos, acusándolo ante las cámaras por los crímenes cometidos contra la población palestina en Gaza. Más recientemente, el actual gobierno se negó a participar en maniobras militares conjuntas con EEUU e Israel. El creciente apoyo turco a los Palestinos y su posición más activa e independiente en el Medio Oriente, tiende a crear un nuevo y positivo equilibrio en la región.

En los últimos tiempos, alguna prensa estadounidense de derecha, sometida claramente a intereses sionistas, ha comenzado a publicar artículos y análisis cuestionando la membresía turca en la OTAN y especulando que Ankara podría, de profundizar el curso actual de su política exterior, retirarse de la organización.

No se puede dar crédito a estas especulaciones, pero lo que si es cierto es que Turquía está buscando su propio camino en este mundo que apunta hacia la multipolaridad y donde aún siguiendo únicamente sus intereses nacionales, puede jugar un papel mas positivo. Llama la atención la decisión de activar su presencia en países africanos y latinoamericanos.

Después de este breve recorrido por la política y la historia, podríamos concluir con la pregunta inicial: ¿Es Turquía un país del Medio Oriente? Lo invitamos a que saque Ud. sus propias conclusiones.

Ernesto Gómez Abascal. Ex embajador en Turquía y varios países árabes. Periodista especializado en temas del Medio Oriente.

viernes 9 de octubre de 2009

Estambul, Banco Mundial y FMI

Publicado el 08-10-09 , por Robert Tornabell

El pasado sábado se cerró la reunión anual de las dos grandes instituciones nacidas hace más de medio siglo para restaurar el orden financiero mundial. Luego se creó el Banco de Desarrollo para Asia. Aunque los dos primeros son vecinos en Washington D.C. –y celebran reuniones periódicas–, lo cierto es que no es lo mismo reuniones anuales con la mayoría de los ministros de economía y finanzas de todo el mundo, como la de Turquía.


El Fondo Monetario Internacional (FMI) parece haber seguido el mandato de Estados Unidos. Rescatar a todos los países que tuvieran los dos síntomas típicos de toda crisis. Fugas de capitales y balanzas de pagos con déficits crecientes. En el último año ha intervenido en quince ocasiones y ha dado preferencia, como se recomendó en la Cumbre de Londres, a las ayudas y préstamos para los países más pobres.

Ha contribuido también a mejorar la financiación para que se recupere el comercio mundial y algún éxito ha tenido, porque los volúmenes de intercambios mundiales crecieron el 1,3% en junio y el 3,5% en julio. Aunque son variaciones mensuales sujetas a fuerte volatilidad, la última es la que ha tenido el ritmo más intenso de los últimos cinco años. Y coinciden con la recuperación de Alemania y Japón –y buena parte del sureste de Asia– gracias a la mejora del comercio mundial. Y mejores serían las noticias si la tantas veces aplazada Ronda de Doha llegara por fin a buen puerto.

A pesar del dinamismo del FMI, existe cierto escepticismo sobre la oportunidad de las medidas que está tomando. Son más audaces que las restrictivas medidas de la crisis del sureste de Asia de los años 1998 y 1999, pero es difícil que puedan resolver los problemas de fondo de los países bálticos y los del Este de Europa y Asia Central.

El Banco Mundial tuvo una perspectiva más a largo plazo. Se trata de los programas de ayuda para los países más necesitados, desde los del sur del Sahara hasta los de Asia Central. No sólo necesitan financiación, que también, sino cambios profundos en la educación, los sistemas de irrigación y, de nuevo, precios justos para las exportaciones de sus productos agrarios, que han de hacer frente a la competencia a la baja de los que exportan los países de la Unión Europea, con subvenciones no alejadas de las que el Gobierno de Estados Unidos concede a sus agricultores.

Para el presidente del Banco Mundial es necesario actuar con medidas eficaces, pero su impaciencia le llevó a recordar a la audiencia que, en tiempos de Mao Tse Tung, un periodista preguntó a su primer ministro, Zhou en Lai, cuándo se podría ver la mejora de las condiciones de vida de la nueva China. Éste contestó que era pronto, porque al cabo de dos siglos de la Revolución Francesa todavía no podían verse los cambios reales que se habían producido.

viernes 2 de octubre de 2009

"Que Turquía se occidentalice es bueno para el sexo"ORHAN PAMUK Escritor y premio Nobel

El escritor Orhan Pamuk lleva casi una década entregado a un doble sueño: escribir una novela romántica al estilo de las grandes obras de Tolstoi, Jane Austen o incluso García Marquez y transformar el contenido de esa novela en un museo absolutamente real. La primera parte, el libro, se materializó hace un año en Turquía bajo el título El museo de la inocencia (Mondadori) y hoy llega a las librerías españolas (en traducción de Rafael Carpintero). Tiene toda la carga dramática de una historia dedicada al amor trágico entre Kemal, joven de la burguesía turca, y Füsun, una pariente lejana y pobre de la que se enamora irremediablemente. Ese amor clandestino apenas dura dos meses pero se transforma en una obsesión de décadas.

El museo homónimo al libro se inaugurará en Estambul el año próximo y en él los admiradores de este autor de 57 años, galardonado en 2006 con el premio Nobel de Literatura, descubrirán los artefactos imaginados por Pamuk. Con ellos, Kemal trata de recordar cada instante de su amor por Füsun. Y ahora saltan desde la fantasía a la realidad para darle vida física a este amor torturado que transcurre con todos los cambios de la sociedad turca de las últimas tres décadas como telón de fondo. "Los concebí al mismo tiempo", dice el escritor. "El punto de partida era la historia de un hombre que colecciona los objetos que pertenecieron a una mujer pero luego fue creciendo. El libro funciona casi como un catálogo del museo pero son dos entidades completamente separadas".

Sentado en una silenciosa mansión de la Universidad de Harvard, en Cambridge (Boston), donde imparte clases magistrales, Pamuk, alto, corpulento y de voz áspera, se resiste a hablar del museo durante gran parte de la entrevista pero finalmente se lanza a explicar detalles que en parte también arrojan luz sobre su propia personalidad: "Aún no sé realmente por qué quería hacerlo. Quizás el no haber triunfado como artista hace treinta años tenga alguna relación, quizás sea esa 'envidia de la realidad' que tenemos todos los novelistas, pero sobre todo también creo que quería divertirme". Si se le insinúa que el museo suena a obra de arte en sí misma responde: "Esa definición me asusta. Quiero ser modesto. Además creo que si nadie viene a visitarlo tampoco será un fracaso. Tendrá significados diferentes según si se ha leído el libro o no".

Pamuk creció pensando en ser pintor, pero a los 23 años dio un giro radical a su vida y se puso a escribir. Se convirtió en el más admirado de los autores de su país. Sus opiniones sobre la falta de libertad de expresión en Turquía y sus críticas a un pasado oscuro que oficialmente se niega a reconocer actos como el genocidio armenio le han convertido en el objetivo del integrismo islámico y también de su propio Gobierno, que ha llegado a sentarle en el banquillo por "insultar a Turquía".

Aun así, Pamuk sigue considerando que su casa está en Estambul, la ciudad en la que transcurren la mayoría de sus novelas y que en cierto modo también es protagonista de El museo de la inocencia. También lo será del edificio homónimo, que reunirá no sólo el pendiente de Füsun imaginado por Pamuk -ése que Kemal usa para pensar en ella- sino también fotografías, monedas e incluso sonidos del Estambul de los años setenta y ochenta. La creación de algunos objetos imaginarios será encargada directamente a artistas. Otros los hará el propio Pamuk, como los cuadros que pinta su protagonista femenina. Y habrá incluso arte conceptual: Kemal colecciona hasta las colillas de su amada, que también estarán en el museo colgadas junto a frases del escritor. "Me gusta mirar a mi país utilizando diferentes recursos. En El libro negro lo hice a través de la ciudad; en Me llamo Rojo, a través de la representación del arte; y en Nieve, por la vía de la política. En El museo de la inocencia quería analizar la sociedad a través del amor. Un amor en una sociedad reprimida, donde la comunicación entre amantes está muy limitada y donde el romance tiene un fuerte componente de flagelación, arrepentimiento, y las cosas pequeñas pesan".

Así, detalles de otra época como la importancia de la virginidad se muestran en un libro que explora la represión de la mujer en su país y retrata a la sociedad sin juzgarla. "Afortunadamente", afirma el novelista, "creo que hay muchas cosas que están cambiando en Turquía. La occidentalización es buena para el sexo, y supongo que eso también es buena para el amor. En mi parte del mundo la mayoría de los hombres no saben nada sobre las mujeres. Creen conocerlas en función únicamente de sus propias necesidades. Pero ése es el gran dilema de este libro, porque el narrador es un hombre, alguien que se arrepiente de haber maltratado a su amor, como el Oneguin de Puskin, pero lo descubre cuando ya es tarde. ¿Podemos confiar en ese narrador?", inquiere irónico un autor que también aparece como tal dentro del relato.

Pamuk habla con especial cariño de esta novela, que comenzó a escribir mucho antes de recibir el Nobel: "Este libro me ha acompañado en momentos importantes y otros muy difíciles. Me ha hecho feliz, me ha ayudado a sobrevivir y gracias a ella soy mejor persona".

Boston

viernes 11 de septiembre de 2009

Bienal de Estambul: ¿qué, cómo y para quién?

Este fin de semana arranca su 11ª edición, una de las citas ineludibles de las bienales europeas, que este año se pregunta por aquello que nos mantiene en pie

Bea Espejo
What, How and for Whom (qué, cómo y para quién) son las preguntas que este año parece haber escogido la bienal de Estambul para redefinirse y recolocarse en el tan amplio ya mapa de bienales europeas. También el nombre del colectivo de comisarios (conocido más por las siglas WHW) que, formado en 1999 y con base en Zagreb, Croacia, se encargan este año de darle cuerpo conceptual al evento.

Como tema y lema se han apropiado del título de una canción escrita en 1928 por Bertolt Brecht, What Keeps Mankind Alive? (Qué es lo que mantiene viva a la humanidad?) con el objetivo de abrir el debate sobre las posibilidades del arte como un agente activo y comprometido con su entorno. Está por ver si el éxito de la bienal roza el que tuvo Brecht con esa misma canción que desde Tom Waits a William S. Borroughs pasando por los Pet Shop Boys han versionado bajo ese espíritu de movilización por el cambio social y político. Aunque el colectivo curatorial WHW hace su propia versión del tema.

Presentando la consigna bajo signos de interrogación, la bienal de este año trabaja por encontrar valores en los que aferrarse en tiempos tan convulsos. Y no sólo a nivel económico, sino por la mala fortuna crítica que parece haber tenido en las últimas ediciones, en las que se llegó a tachar de “falsa autenticidad” y preocuparse más por el glamour que por un discurso firme y coherente. Aunque los esfuerzos por un cambio de imagen vienen ya de la última edición, ahora hace dos años, la comisariada Hou Hanru, ya infundió un mensaje positivo y riguroso en su propuesta Not only possible, but also necessary: optimism in the age of global war (No sólo posible, sino también necesario: optimismo en la era de la guerra global), con la que intentó recuperar la esencia y el significadote este tipo de evento artístico basado en la sinergia y el diálogo con su entorno, sin concesiones a las dinámicas comerciales.

Entre los artistas, encontramos tanto a nombres consagrados y habituales en este tipo de eventos, como Hans Peter Feldmann o Nam June Paik como a algunos de los artistas más representativo del panorama emergente internacional, como Sharon Hayes, Deimantas Narkevicius o David Maljkovic (éste, recién inaugurado en las salas del museo Reina Sofía) hasta algunos de los colectivos más comprometidos como Chto delat/ What is to be done, formado por artistas, críticos, filófosos y escritores y fundado en 2003 en San Petersburgo, con el objetivo de fundir la teoría política, el arte y el activismo. En total son una lista de cerca de 70 nombres distribuidos por tres sedes diferentes: el antiguo depósito aduanero Anrepo Nº 3, en el barrio de Tophane; el Centro Cultural Atatörk, el edifico público destinado para eventos culturales propio de la ciudad y, como novedad, las aulas del Feriküy Greek School, desde el 2003 cerradas a los alumnos.

De entre la lista de artistas, una única española, la gallega María Ruído, cuyo trabajo destaca por su visión profundamente política de lo cotidiano que parece encajar como anillo al dedo a la tesis general de la bienal. Hasta el 8 de noviembre tenemos tiempo para comprobarlo.

Dos meses encerradas en una falsa casa de «Gran Hermano» en Estambul

EFE | ANKARA Actualizado Miércoles, 09-09-09 a las 18:20
El ansia de fama y la ingenuidad condujo a 9 mujeres turcas a pasar dos meses encerradas en una casa de Estambul, donde eran permanentemente filmadas, tras ser engañadas con la idea de que estaban participando en un programa televisivo al estilo de "Gran Hermano".
Las chicas, con edades comprendidas entre los 16 y los 22 años, fueron captadas en un falso casting por los organizadores de la farsa, tras anunciar en la prensa que se buscaba a chicas para participar en el espectáculo televisivo.
Las jóvenes, que ya han sido rescatadas por la Policía tras una denuncia de los familiares, firmaron un contrato en que se comprometían a no abandonar la vivienda ni contactar con nadie del exterior hasta que terminara el programa, bajo pena de una sanción de 25.000 euros.Plenamente confiadas en que eran estrellas de un programa televisivo, las chicas se avinieron a ser grabadas las 24 horas del día, incluso en el baño. Las imágenes de esas escenas han sido vendidas en páginas de internet.
Tras las denuncias familiares, agentes policiales penetraron en la vivienda y detuvieron a un hombre que en ese momento se encontraba en la casa. Las nueve estafadas fueron conducidas a declarar y se ha iniciado una investigación sobre el suceso.

Fumar como un turco

Turquía está en pie de guerra debido a la nueva ley antitabaco aprobada por el Gobierno en uno de los países con más fumadores del mundo.
Francisco Martínez (Estambul)
11/09/09
Turquía está en pie de guerra. El Gobierno acaba de aprobar una de las leyes antitabaco más restrictivas del mundo y los fumadores, que alcanzan casi un tercio de la población, han puesto el grito en el cielo. “La lucha contra el tabaco es tan importante como la lucha contra el terrorismo”, ha señalado el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, al presentar la nueva ley antitabaco, que ha entrado en vigor este verano. Sin embargo, los fumadores le han tomado la palabra y piden una “iniciativa democrática con los fumadores” similar al proceso de paz que está afrontando el Gobierno para integrar al pueblo kurdo y acabar con la violencia del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán).

En Turquía mueren cerca de 100.000 personas al año por enfermedades relacionadas con el tabaco y es el séptimo mayor mercado para la industria del sector, con 22 millones de fumadores. El pasado 19 de julio entró en vigor en este país una de las leyes antitabaco más restrictivas del mundo, ya que prohíbe fumar en todos los espacios públicos cerrados, algo que sólo han hecho hasta ahora Bélgica, Irlanda e Italia. En España, donde el consumo de tabaco es mucho menor que en Turquía, la ley es más tolerante con los fumadores porque les permite fumar en los locales de menos de cien metros cuadrados.

miércoles 2 de septiembre de 2009

ESTAMBUL La ley antitabaco turca pone muy difícil lo de fumar en cachimba

Por FRANCISCO MARTÍNEZ (SOITU.ES)
Actualizado 30-08-2009 18:29 CET

ESTAMBUL.- "Fumar nargile (en cachimba) no es como fumar cigarros", me dice un anciano en el Nargilem, (parada 'Findikly' del Tranvía, cerca del Bósforo). "Los cigarros son para los nerviosos, para la gente competitiva, gente que tiene prisa. Cuando fumas un nargile tienes tiempo para pensar. Te enseña paciencia y tolerancia y te ofrece buena compañía", y a continuación nos invita a un té de manzana.

Sentarse a fumar nargile es una de las mejores formas de conocer a los turcos, ya que se explayan en profundas conversaciones y en largos silencios. Solitaria o solidaria, la experiencia siempre es nostálgica y enigmáticamente placentera. Fumar un nargile puede durar horas y cuesta apenas cuatro o cinco euros. Son raros los cafetines (o casas de té) que venden alcohol y el complemento ideal suele ser un tablero de backgamon (o damas) y unos tés.

El Nargile es originario de la India, pero fue en Estambul donde conoció su máximo esplendor al encontrarse con el tabaco, procedente de América. Varios sultanes quisieron prohibirlo (incluso bajo pena de muerte, como ordenó Mehmet IV en 1633), porque daba pie a que la gente se reuniera (y hablase) y porque prendía fuego incendios a una Estambul entonces de madera.

En Turquía fuman unos 22 millones de personas (casi un tercio de la población) y la reciente ley antitabaco ha sido entendida como un ataque a una de sus tradiciones más ancestrales entre los fumadores. Desde julio, sólo es posible fumar en espacios abiertos y en terrazas... ¿Pero qué haremos cuando llegue el lluvioso otoño y el frío invierno? Estambul no será la misma y tampoco tendrá sentido decir eso de 'fumar como un turco'.

¿Tabaco negro de Siria o aromático de Egipto? ¿Manzana o cereza? "Lo importante no es lo que pones en tu pipa sino con quién te lo fumas", me dice el camarero del Sadabad, en una perpendicular de Istiklal. (Otras dos áreas de nargiles son Tophane y los alrededores de Sultanahmet).

Viajar a Estambul

Estambul una de las ciudades más encantadoras del mundo entero.
Viajar a Estambul resulta una experiencia muy grata, pues al llegar a dicha ciudad nos encontramos con la sorpresa de estar en una metrópolis que tiene el privilegio de ser la única urbe en el mundo situada en dos Continentes: Europa y Asia.

Fundada originalmente con el nombre de Bizancio, en honor a su fundador, después de varios monumentos importantes construidos durante el reinado del emperador Constantino el Grande, la ciudad pasó a llamarse Constantinopla: la ciudad de Constantino y, tras la conquista por parte de los otomanos, se convirtió en Estambul, la cual en la actualidad comprende un área de 7.500 kilómetros cuadrados, con una longitud aproximada de 150 kilómetros por 50 de anchura y está considerada como una de las ciudades más grandes y más pobladas de Europa, ya que dispone de una población de unos 9.5 millones de habitantes, población que aumenta anualmente en unas 500.000 personas debido a la inmigración de familias enteras procedentes de las zonas rurales de Turquía, estimándose que una de cada cinco personas que vive en el país, habita en Estambul,

Situada a lo largo del estrecho del Bósforo, Estambul es el principal puerto y el centro comercial y financiero más importante de Turquía, estimándose que la mayor parte del comercio nacional pasa a través de El Cuerno de Oro, una ría estrecha de siete kilómetros de longitud que divide en dos la parte europea de Estambul y que puede observarse a plenitud ascendiendo a la colina Café de Pierre Loti.

A todo lo largo y lo ancho de su geografía, esta metrópolis turca posee innumerables atractivos que hacen del turismo una de sus principales fuentes de ingresos, ya que anualmente es visitada por más de millón y medio de turistas que quedan maravillados ante sus bellezas naturales e históricas, considerándose que más de la mitad de los monumentos históricos de Turquía se encuentran en Estambul, por lo cual las zonas históricas de la ciudad fueron declaradas en 1985 Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Entre los atractivos naturales de Estambul, aparte de El Cuerno de Oro, merecen especial mención las llamadas Islas Rojas o de los Príncipes, ubicadas al sur-este de la entrada del Bósforo en el mar de Mármara y el Bósforo, estrecho de mar que une al mar de Mármara al sur con el mar Negro al norte y que separa Europa (Tracia) de Asia (Anatolia) con una longitud de 37.7 km., una anchura de entre 660 y 3.200 metros y profundidades que varían de los 37 a los 105 metros y en cuyos márgenes se pueden ver hermosas mansiones, monumentos y palacios, a la vez que es cruzado por dos modernos puentes colgantes de peaje a más de 60 metros sobre el nivel del mar y por los que circulan gran cantidad de vehículos diariamente.

Tras ser capital del Imperio Romano de Oriente, de Bizancio y del Imperio Otomano, cada nuevo estado hizo construir en Estambul sus monumentos religiosos y civiles para embellecer la ciudad, contándose entre ellos la basílica, hoy Museo, de Santa Sofía considerada como el principal edificio bizantino de Estambul y como la octava maravilla del mundo por algunos historiadores de arte, construcción que ha subsistido desde el siglo VI hasta nuestros días; el legendario palacio Museo de Topkapi, quizás más conocido por las joyas reales y la colección de porcelanas chinas de incalculable valor que contiene su tesoro; el palacio de Beylerbeyi, el segundo palacio construido en el Bósforo que servía de residencia de verano a los Sultanes Otomanos; la mezquita de Solimán, la más grande de Estambul y uno de los ejemplos más paradigmáticos de la arquitectura otomana; la mezquita del sultán Ahmet, también conocida como la mezquita Azul , la cual fue construida en el centro de la ciudad y muy cerca del Palacio de Topkapi, en el antiguo emplazamiento del hipódromo bizantino, en el cual se realizaban las carreras de caballos y las competiciones atléticas durante la época romana; la Cisterna de Yerebatan, la más grande de las cisternas que fueron construidas en Estambul durante la época Bizantina; el Gran Bazar, lo primero que se recuerda cuando se habla de Estambul por ser el sitio donde millones de objetos son vendidos en miles de tiendas y que se convierte en parada obligatoria de todos los turistas que van a la ciudad; y gran cantidad de monumentos y mezquitas que vienen a ser importantes joyas de la arquitectura islámica que confieren a Estambul un aspecto inconfundible y encantador.

De tal manera, por sus riquezas históricas, geográficas, religiosas y culturales, esta gran metrópolis turca solo puede compararse con Roma, ciudad con la que comparte ciertas similitudes, aparte de ser una urbe donde coinciden oriente y occidente, Asia y Europa, cristiandad e islam, a la vez que es cuna de varias culturas que forman una síntesis armoniosa que mantiene su carácter de metrópolis tanto comercial como política y la convierten en una verdadera caja de sorpresas, considerada en la actualidad como una de las ciudades de mayor vida cultural, artística, histórica y comercial del mundo.

Con su clima suave en cada estación del año, sus excelentes especialidades culinarias, su activa vida nocturna, sus bazares, tiendas y, por sobre todo, la atención y la hospitalidad de sus gentes, Estambul es una ciudad increíble e inolvidable de la cual los turistas salen con intenciones de volverla a visitar.

Por Andrés E. Palacios A.

domingo 16 de agosto de 2009

Estambul en 48 horas

Dos días son pocos, pero también lo son dos siglos, para recorrer una metrópolis que se extiende por dos continentes y en la que perviven restos romanos, bizantinos y otomanos

La modelo turca sonríe a la cámara. Tacón imposible, recogido a lo Grace Kelly. Detrás tiene el Bósforo y la zona asiática de una ciudad, Estambul, que se ensancha por dos continentes. Delante, uno de los barrios de moda, Ortaköy. La modelo habla inglés y atiende a las súplicas del equipo holandés que la rodea. Estambul está de moda. La plaza de Ortaköy se extiende frente al embarcadero y es una mezcla de antiguas casas de madera, modernas terrazas que se reflejan en el Bósforo y cafés que compiten en diseño y que dejarían en desventaja a los lugares más fashion de Barcelona y asombrados a los de Londres o Nueva York.

Aquí la gente guapa se deja ver, toma el sol o coge un trasbordador que los lleve a Asia o a la Europa antigua (al barrio monumental de Sultanahmet). Unas niñas con pañuelos negros observan a la modelo. Han irrumpido en la escena de la nada y, para el forastero, la sensación que provoca el contraste es agrio. Los estambuleños no se inmutan.

El Estambul más moderno y el más conservador se encuentran a cada paso, se respetan y se extreman por el roce. La llamada del almuédano descongela la escena. Su cántico no se parece a los que llaman a oración y que encandilan cinco veces al día a los de fuera. Este es triste. Un rezo por un muerto. El Bósforo se remueve. ¿La brisa? ¿El fantasma del muerto? La modelo descansa y se cubre con una chaqueta.

Estambul, la antigua Constantinopla, aturde y encandila. En los siglos XVIII y XIX los viajeros se quedaban fascinados ante los palacios del imperio otomano --el de Topkapi es una joya-- y fantaseaban con asomarse a un harén. Quien llega ahora a Estambul aún alberga esos mismos sueños. Aquí están las huellas del imperio romano, del poderío bizantino y de los otomanos. Tradición y modernidad conviven en esta ciudad de 10 millones de habitantes en la que el ritmo se descontrola. Ortaköy es, sin duda, el mejor lugar para preparar las visitas a las mezquitas, a los museos, al Estambul abarrotado de gente, a la megalópolis que va y viene.

Esta ciudad merece miles de caminatas, muchas puestas de sol junto a los pescadores que, desde el puente de Galata, se rinden a la belleza del Cuerno de Oro y, por supuesto, trasnochar en Taksim o en algún restaurante de pescado a orillas del Bósforo. "No podría vivir sin él", asegura una estambuleña mientras lo mira. Tiene razón, el Bósforo es el corazón de esta ciudad.

Estambul se reparte entre la zona europea y la asiática, divididas por el estrecho del Bósforo, en el que confluyen el mar de Mármara y el Negro. A su vez, Europa también tiene dos orillas, la Europa antigua y la Europa moderna, separadas por el Cuerno de Oro, una entrada del Bósforo a la ciudad.

CATALINA GAYÀ

lunes 27 de julio de 2009

Turquía, sin malos humos LOS TURCOS SIGUEN EL CAMINO DE OTROS PAÍSES EUROPEOS

La restrictiva ley antitabaco amenaza la supervivencia de los tradicionales cafés y salones de ‘narguile’

• El Gobierno pretende proyectar una imagen más moderna
ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL
Cuando, hace dos años, Simone Rosa entró por primera vez en el Gran Bazar y vio la nube de humo que se alzaba sobre el gentío, exclamó: «¡Pues es cierto que esta gente fuma como un turco!» Esta expresión, común en varios países europeos, está a punto de desaparecer con la restrictiva ley antitabaco que entró en vigor hace una semana.
Al Gran Bazar le llegó su hora el pasado año, con la primera fase de la ley –prohibición del tabaco en lugares de trabajo, transportes públicos y centros comerciales– y el pasado domingo le tocó el turno a los bares, restaurantes y cafeterías: a partir de ahora está prohibido fumar en todos estos recintos e incluso en las terrazas bajo ciertos tipos de sombrillas y toldos será imposible hacer uso del tabaco so pena de ser multado con 32 euros los fumadores y entre 260 y 2.600 euros los locales que lo permitan.
Ahorro en sanidad
Y es que el Gobierno turco se ha tomado muy a pecho la eliminación del humo, no solo por el ahorro que supondrá para la sanidad pública (en Turquía mueren 110.000 personas al año a causa del tabaco, por lo que se calcula que dejarán de gastarse unos 2.000 millones de euros) sino también por su intención de proyectar una imagen de Turquía más moderna y europea. «Los turistas ven nuestros restaurantes llenos de humo y se largan. No creo que se deba fumar en los sitios donde se come; de hecho los fumadores son los que más tiempo ocupan las mesas», declaró un restaurador turco al diario Radikal.
Cumplimiento a rajatabla
Aunque parezca una tarea titánica en un país donde fuman una de cada tres personas y se consumen casi 300 millones de cigarrillos al día, la ley fue cumplida a rajatabla en prácticamente la totalidad del país, explicó a este diario el doctor Toker Ergüder, de la Oficina Nacional de Control del Tabaco. Turquía ha dejado para siempre los malos humos.
Sin embargo, no todos son tan optimistas. La mañana del domingo, los tradicionales cafés –lugares donde jubilados y desempleados se juntan para jugar, charlar y fumar– amanecieron desiertos. Solo algunos consiguieron mantener a la clientela colocando las mesas en el exterior. Un día antes, Hakan, se despedía del tabaco en su café habitual y, con cierta pena, acariciaba con una mano el cigarrillo y con otra el vaso de té: «El té y el tabaco son como la mujer y el hombre, no se pueden separar así como así». A su lado, Suleyman, el camarero del local, se mostraba más tranquilo: «La gente se acostumbrará».
En ciertos restaurantes también se ha notado el efecto antitabaco. El lunes, Hasan observaba cómo pasaban de largo los clientes de su habitualmente repleta casa de comidas del barrio de oficinas de Karaköy. «Se van todos a los restaurantes con terraza, donde sí pueden fumar».
Pero quienes ven el futuro más negro son los propietarios de los salones de narguile, la pipa de agua típica de Oriente Próximo. «Nosotros no somos un restaurante, solo comercializamos el narguile. ¿De qué vamos a vivir ahora?», se pregunta Ahmet. «Por el momento, podemos sobrevivir con los narguiles en las terrazas, pero cuando llegue el invierno no sé qué sucederá», añade. Mientras tanto, en su local han comenzado a colgar carteles de un nuevo tipo de narguiles que funcionan solo con hierbas naturales y, supuestamente, no son dañinos para salud. Fumarse un narguile de tabaco equivale a la exposición a unos 100 cigarrillos.
En los bares, la situación es diferente porque nadie duda de que la gente continuará viniendo a estos lugares a divertirse. Eso sí, se está produciendo un cambio: la gente ha comenzado a preferir aquellos que tienen una salida cercana a la calle para poder salir a fumar.
Desconfianza
Al principio, los fumadores laicos, porque también en esto hay divisiones, fueron quienes más desconfiaron de la ley antitabaco y sostuvieron que era un intento del Gobierno islamista moderado para restringir el uso del alcohol (sic), porque no se puede beber raki (el anisado nacional) sin fumarse un cigarrillo; pero la realidad es que, según las encuestas, el 90% de los turcos, incluidos los fumadores, apoyan las medidas antitabaco. En la lejana población de Hasankeyif, un anciano kurdo da profundas caladas a su cigarrillo en un pequeño jardín: «Desde que lo han prohibido, hasta sabe mejor».